Dilatándose (o quién sabe lo que hacía)

8:00: arrastró los pies hasta la mesa, y se saludó a sí mismo
9:00: los esperó a todos
10:00: no llegó nadie
11:00: quemó todas las fotos y tarjetas
12:00: le gritó a un amable vecino
13:00: la inesperada visita
13:01: le dijo que se largara
14:00: se torturaba de forma lastimosa
15:00: se percató de su gran soledad, y en seguida quiso abandonarse a sí mismo
16:00: no podía amarse -creyó- por sus pésimos modales, no le animó el cambio, el mundo lo desanimó, se cansó tanto de todo que no vio nada más
17:00: huye en desesperación, "pude haber sido mejor, maldigo a Dios que maldijo mi corazón"
18:00: nadie nota su ausencia (mientras tanto)
19:00: piensa en todos aquellos que lo amaron de forma descontrolada y flexible, y piensa en su síntoma de aprovechador de sentimientos
20:00: se sienta y mira las hojas caer
21:00: en todo lo que perdió... "cuánto podía salvar?"
22:00: pensaba, mientras caminaba lentamente, que nadie ya le encontraría, porque de hecho ya no existía, porque no dio un paso más, ese paso donde el amor no dolía, ese paso donde ya no temía perderlo todo
23:00: recuerda las tardes de árboles y cielos celestes, transparentes ojos, poniéndose en ese lugar del tiempo, donde a pesar de dónde se encontrase, llegó siempre sano a casa
24:00: se recostó sobre una banca algo rota. soñó con sus años de rostro suave, juventud y oportunidades para reír, mientras mascaba la manzana podrida de sus propios errores
01:00: durmió entre saltos y dolores de cabeza...
05:00: a punto de amanecer, vio que la noche era tan oscura, y no oyó nunca un "quién eres?"
08:00: sus respiros se viciaron, era demasiado tarde para arrepentirse.

Desde su propio amanecer ya era un día extraño. La expresión de toda la gente, como un tenso vacío, el cielo gris y una inusual lluvia. En otros reinaba esa calma que antecede al absoluto caos.
Entonces el cielo enrojeció, salió el sol por breves instantes y luego todo se transformó en el maldito escenario de lo inexplicable y mortífero.

¿Y qué sucedió? No llegó el monstruo a destruir la ciudad ni el maremoto a empaparlo todo, ni mucho menos el terremoto que nos enterraría en las construcciones.
Sólo hubo un enorme silencio, insoportable, oscuro, absolutamente incierto. Que parece peor.