Semblante irónico

Es la precuela de un regreso a muchos matrices (o tan sólo el deseo del pasaje de vuelta), las caminatas bajo el misterio de una luna llena, de las calles húmedas luego de un día de lluvia, imaginando dentro de tantos sueños que en el amanecer pueda verse con claridad el cielo y las nubes blancas, o quizás bajo un cielo gris, gente con abrigos largos, todos absortos en lo que les dio la vida. En lo que les dio el mundo para poder ser quiénes han sido. En el por qué, en los recuerdos alargados y gastados y también en los instantes que marcan una situación, en todas las culpas, las mentiras y las verdades, en la satisfacción y en la boca llena que aún desea tragarlo todo, en las frustraciones y logros, miedos y convicciones de toda esa gente que camina, que mira hacia el suelo, hacia el semáforo, hacia la gente buscándole algo en particular en qué poder fijarse o hacia simplemente nada. Y en ese mundo que absorve, quizás bebiéndome un café, o mirando cuál es la última novedad que nos ha traído la globalización y la búsqueda de una mayor comodidad día a día, o también aferrándome a lo que me mantiene los pies firmes en el suelo, presionando la tierra como si la fuese a hundir, como si quisiéramos meternos y olvidarlo todo, porque esperamos el futuro, pero también le temo, porque me gusta vivir, pero también es la eterna duda del acierto o incierto, porque son miles de situaciones a la vez, de preocuparse por los míos, por los tuyos y por los nuestros, herirnos y curarnos y mirar hacia adelante, aprender de todo y de todos, y también de la nada, y crecer. Y ser feliz, sacarle provecho a la vida, estar agradecidos de ella, y en el fin de todo sólo quedará eso, la felicidad, la satisfacción, y los buenos pasos del camino. Y la magia de la casualidad y de la causalidad.
A veces brilla el sol y hace el frío necesario como para creer que es inútil, pero eso también consuela el hecho de que el cielo azulino le da una cierta hermosura al día que no la tiene el calor sofocante.